El alcohol y las bebidas energéticas

De un tiempo a esta parte se ha puesto muy de moda mezclar cubatas con bebidas energéticas. Se trata de un combinado de muy baja calidad. Pero las personas que lo consumen opinan que así, el alcohol «les sube menos», aunque la realidad es que el nivel de alcohol en sangre es el mismo y todos los efectos y consecuencias del alcoholismo siguen siendo exactamente igual de devastadores.
El secreto de la mezcla consiste en que, según cuentan los que la toman, se pueden tomar muchas copas sin emborracharse. Sin embargo, esto no es exacto. Lo que realmente ocurre es que el que bebe no nota la sensación de embriaguez aunque sí esté intoxicado, y puede beber mucho más, con lo que los riesgos se multiplican. La explicación es sencilla: el alcohol es un depresor y las bebidas energéticas contienen estimulantes que contrarrestan su efecto.
El alcohol es un sedante hipnótico, aunque en un primer momento produzca sensación de euforia. Cuando se llega a una determinada concentración en sangre (que varía de una persona a otra), aparecen los primeros signos de intoxicación (descoordinación, pérdida de reflejos, mareos, somnolencia…) que, a su vez, son señales que nos envía el organismo que nos avisan de que estamos sobrepasando nuestro umbral de tolerancia.
En el proceso de eliminación del alcohol se invierten varias horas, en las que los enzimas hepáticos trabajan a marchas forzadas. Cuanto más alcohol se bebe, más se castiga al hígado y a otros órganos vitales. Si en este tiempo ingerimos estimulantes, las señales para que dejemos de beber desaparecen o, por lo menos, se amortiguan. Así, aunque el cuerpo no pueda manejar el exceso de alcohol y se resienta por ello, nuestro cerebro no se da por aludido y la persona sigue bebiendo.

Daños a corto y largo plazo

Los daños posibles son muchos. A corto plazo, el peligro fundamental es que el consumidor no nota que está borracho y emprende tareas para las que no está preparado como, por ejemplo, conducir.
Asimismo, algunos cardiólogos advierten que las personas sensibles a la cafeína deben saber que estas bebidas alteran la frecuencia cardiaca y la tensión arterial. Además, las que llevan taurina inciden en la contractilidad del músculo cardiaco por lo que pueden presentarse arritmias y taquicardias.
Si la mezcla se consume durante mucho tiempo, pueden aparecer patologías graves, como hígado graso, tumores, hepatitis o cirrosis. El motivo es que el consumidor estará tomando habitualmente cantidades de alcohol mucho mayores que las que su organismo puede metabolizar con facilidad.
Ello no quiere decir que las bebidas energéticas sean dañinas si se toman solas. En realidad, tienen vitaminas del grupo B (usadas para contrarrestar las borracheras, precisamente), azúcar y cafeína. Otras añaden otros estimulantes como taurina, ginseng o guaraná.
Sin embargo, han sido publicitadas como sustancias totalmente inofensivas y, según la opinión de muchos expertos, quizá deberían adjuntar algunas advertencias.

Información obtenida de:

Portal de salud del Diario El Mundo


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