El alcoholismo es una enfermedad crónica cuya tendencia es la dependencia con características de adicción a las bebidas alcohólicas. Se basa en un ansia por beber alguna sustancia alcohólica, pérdida de autocontrol, dependencia física y síndrome de abstinencia.
El alcoholismo supone un serio riesgo para la salud que a menudo conduce a la muerte como consecuencia de una afección hepática, hemorragias internas, intoxicación alcohólica, accidentes de tráfico, suicidio, accidentes laborales, violencia, actos vandálicos...
El alcoholismo no está fijado por la cantidad ingerida en un periodo determinado de tiempo: personas afectadas por esta enfermedad pueden seguir patrones muy diferentes de comportamiento, existiendo tanto alcohólicos que consumen a diario, como alcohólicos que beben semanalmente, mensualmente, o sin una periodicidad fija, si bien el proceso degenerativo tiende a acortar los plazos entre ingesta e ingesta.
La Clasificación Internacional de Enfermedades de la OMS (Organización Mundial de la Salud) indica que, para definir un trastorno por dependencia al alcohol, se deben cumplir al menos 3 de los siguientes criterios, durante un periodo de 12 meses:
- Deseo intenso de consumir
- Disminución de la capacidad para controlar el consumo
- Síntomas somáticos de síndrome de abstinencia: temblores, náuseas o sudoración
- Tolerancia de niveles de alcohol que incapacitarían a un bebedor normal
- Abandono progresivo de otras fuentes de placer
- Persistencia del consumo a pesar de sus consecuencias perjudiciales