No hay diversión sin alcohol. A menudo es precisamente el que bebe alcohol el que acaba fastidiando la fiesta, provocando conflictos, llorando, vomitando, etc.
El alcohol ayuda a hacer amigos y a ligar. En pequeñas dosis, el alcohol puede hacerte sentir más lanzado, pero en realidad no mejora las relaciones sociales ya que te hace hablar mucho pero no te deja escuchar; además puedes pasarte y hacer cosas ridículas o violentas, puedes acabar necesitando beber siempre que quieras relacionarte, etc.
Unas copas ayudan a superar la tristeza y la ansiedad. El alcohol puede reducir la ansiedad y el nerviosismo pero sólo de forma momentánea; con el tiempo suele producir más ansiedad, tristeza y depresión y los efectos típicos del síndrome de abstinencia.
El alcohol no hace daño si comes algo antes. La presencia de comida en el estómago hace algo más lenta la absorción del alcohol, pero el daño es idéntico.
Sólo llegan a ser alcohólicos los que ya tienen problemas psicológicos. La única condición necesaria para desarrollar alcoholismo es habituarse a consumir alcohol en exceso.